El presidente demócrata culpa a los republicanos, pero dentro de su partido hay diferencias que deben solucionar antes del 18 de octubre, fecha límite del Departamento del Tesoro
La última semana de septiembre estuvo cargada de tensión para la política estadounidense. Elevar el techo de la deuda federal es un tema que se cierne sobre la Casa Blanca paralelo a la aprobación del presupuesto fiscal de 3,5 billones de dólares y el de infraestructura de 1,2 billones. Todo está en suspenso. Al ser consultado por la prensa, el presidente Joe Biden no descartó que el país pueda entrar en suspensión de pagos.
Por tal motivo, ambas cámaras aprobaron una legislación para evitar un cierre federal parcial y mantener al gobierno financiado hasta el 3 de diciembre y suspender el límite de deuda hasta el 16 de diciembre de 2022. Pero la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, aseguró que la fecha límite real es el 18 de octubre. Es decir, el tiempo corre en contra. En el Congreso los demócratas se enfrentan a diferencias dentro de sus propias filas que les impiden avanzar con sus propuestas presupuestarias.
Mientras tanto, congresistas republicanos afirman que no ayudarán a levantar el límite de deuda debido al plan de gastos de los demócratas. Una cifra que ha recibido rechazo y ha encendido alarmas por traer consigo aumento de impuestos y numerosos gastos sociales. El líder republicano del senado Mitch McConnell escribió una carta a Biden con la siguiente aseveración:
«La posición de los republicanos es simple. No tenemos una lista de demandas. Durante dos meses y medio, simplemente hemos advertido que, dado que su partido desea gobernar solo, también debe manejar el límite de deuda solo».
¿Pero qué significa el techo de la deuda y por qué es tan importante? Varios medios estadounidenses se han dedicado a responder esta y otras preguntas dadas las discusiones que ha despertado en el Congreso. En esencia, es la cantidad máxima de dinero que el Tesoro de los Estados Unidos puede pedir prestada en forma de venta de bonos, explicó CNBC. El dinero se utiliza para pagar obligaciones financieras mensualmente, como pagos del Seguro Social, reembolsos de Medicare y otros programas como reembolsos de impuestos.
¿Qué pasa si no aumentan el límite?
Varias cosas. Pero en general, EE. UU. no podría pagar los compromisos anteriormente mencionados. “Sería muy perjudicial para el sistema bancario, para el sistema financiero”, dijo al medio estadounidense Andrew Mies, fundador y director de inversiones de la firma de gestión patrimonial 6 Meridian.
Si vamos al detalle, el Gobierno de Biden tendría que suspender ciertos pagos de pensión, retener o recortar el pago de los soldados y trabajadores federales, o retrasar los pagos de intereses, lo que constituiría un incumplimiento, explicó The Wall Street Journal. El Tesoro podría verse obligado a recortar los pagos en más del 40 %. Firmas de Wall Street dicen que «sería desastroso para los mercados financieros y la economía estadounidense».
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Biden está trasladando la responsabilidad a los republicanos. En rueda de prensa los acusó de actuar de forma «irresponsable» y «peligrosa» al negarse a elevar el techo de la deuda, también señaló directamente al senador Mitch McConnell. Y es que el caucus necesita una supermayoría de 60 votos. Es decir, 10 votos más de los que ya tienen con su mayoría simple de 50 escaños. Para eso necesitan a sus rivales políticos, que defienden su posición de no endeudar más al país. Tal como explicó a CNBC el analista de Bankrate, Mark Hamrick, ″el techo de la deuda es un intento centenario de restringir el gasto federal». La Oficina de Presupuesto del Congreso estimó hace tres meses que debe aumentarse de 22 billones a 28,5 billones de dólares.
¿Qué van a hacer los demócratas?
La ley estadounidense establece que si hay mayoría de senadores a favor del proyecto de ley, pero aún así no superan los 60, estos pueden recurrir a un proceso de reconciliación para permitir su aprobación por mayoría simple. Es decir 50 más el voto de la vicepresidente de EE. UU. Kamala Harris. Pero The Wall Street Journal lo tilda como «un proceso complicado y potencialmente lento, y no está del todo claro que podría completarse a tiempo».
Por su parte, los demócratas hablan de una «responsabilidad conjunta» a pesar que parecen haber omitido las voces republicanas con los otros presupuestos pendientes, tal como aseguró el senador Mitch McConnell. Además, culpan del aumento de la deuda a los recortes de impuestos de anteriores mandatarios como Donald Trump y George W. Bush.
Pero antes de mirar a la acera contraria, deben solucionar la oposición de sus propios senadores demócratas Joe Manchin y Kyrsten Sinema, quienes critican los enormes gastos que sus colegas pretenden aplicar al país. SegúnThe Hills, Biden se reunirá virtualmente con los congresistas de su partido, incluidos estos dos senadores para llegar a un acuerdo que le permita avanzar a su gobierno.
De acuerdo a datos previos a la elección, se presagiaban empates técnicos y elecciones tan cerradas que sería necesario acudir al TEPJF para conocer a los ganadores de la gubernatura y de las principales ciudades del estado.
Resultó positivo que la diferencia de votos entre los contendientes fuera tan amplia que no cabría posibilidad de impugnar resultados.
De tal manera, que al ir concluyendo los cómputos distritales se reafirma la diferencia entre candidatos lo que en sí, es bueno porque da tranquilidad y permite dejar de lado las disputas para atender cosas mucho más importantes, como la pandemia, la inseguridad , la economía , la educación , etc.
No me deja muy convencido el cambio de actitud tan beligerante de Javier Corral contra Maru antes de la elección, cuando ahora hasta la va a recibir con fraternal abrazo de felicitación y ambos fumarán la pipa de la paz, pero en fin, esto es saludable y más cuando la futura gobernadora ha dicho que no perseguirá a nadie y que se dedicará a trabajar. Mi pregunta es ¿Eso incluirá a César Duarte y a todos los que aparecen en las carpetas de investigación de los expedientes X de la fiscalía? ¿Borrón y cuenta nueva? Ojalá y no por el bien de la justicia..
Como no tengo candidatos ni partidos preferenciales esta opinión va para quien la quiera analizar.
Con el poco tiempo que se tiene para realizar campañas, con menos de cuatro semanas a la fecha , los temores de contagios, y los días festivos de mayo, amén del poco interés de la ciudadanía por las elecciones, se me hace un verdadero desperdicio andar visitando casa por casa para tratar de conseguir un voto que ni siquiera el ofrecimiento es confiable, y con los que se necesitan para ganar una elección mas de 500 mil para la gubernatura pues es imposible obtener el respaldo suficiente de esa manera, los mismo se aplica para diputaciones y presidencias municipales aunque sea en menor cantidad.
Es verdad que realizar actos que rompen con la tradición de elecciones anteriores de los que hemos dado cuenta pueden ser interesantes en temas de publicidad, pero tampoco garantizan nada.
Cual sería la mejor opción ?
Desde luego echar mano del voto duro que en mayor o menor cantidad tienen todos los partidos y armar estrategias para el día de la elección, y no estoy sugiriendo el mapacheo que de seguro lo utilizarán, convencer a simpatizantes a vigilar la elección el día de la jornada en las casillas. y como esto será también muy difícil, es de temerse los fraudes de todo tipo sobre todo en casillas alejadas de los centros urbanos en municipios donde será muy fácil el relleno de urnas, perdida de paquetes electorales y mil trapacerías en las que hay muchos expertos.
Lo que me queda claro y desde luego estoy de acuerdo es en que estas elecciones serán las mas complicadas de la historia , cuyos resultados, cualesquiera que sean que se conozcan con encuestas de salida y resultados preliminares u oficiales, no dejarán contento a nadie y decenas de impugnaciones se harán llegar en los días siguientes a las autoridades electorales en todas las instancias que existen en la ley.
Estas elecciones estarán y ya lo están siendo hoy mismo determinantes por las redes sociales en las que a medida que se acerque la fecha de la elección, se verán salpicadas de inmundicia de todos contra todos más que de propuestas reales.
Estoy observando que los lugares a donde asisten los candidatos. sean colegios de profesionistas, cámaras empresariales u organizaciones de la sociedad civil etc. se llevan ofertas de obras y compromisos previamente seleccionados que son aquellas necesidades más sentidas que los oyentes quieren escuchar, pero que será imposible cumplir si llegan al poder , y a conformarnos con pura simulación , pues.
Vuelta a la página y a esperar el 24, y no me refiero a los packs de cerveza que en eso si somos expertos y como dice la canción de Chava Flores: A que le tiras cuando sueñas mexicano!!!"
Aunque sin poder asegurarlo ahora que lo analizo con calma, me parece que la acción de derruir una vivienda supuestamente dedicada como picadero en Punta Oriente por parte de Alfredo Lozoya y Miguel Riggs candidatos de MC al gobierno del estado y a la presidencia municipal fue un acto de campaña perfectamente organizado sugerido probablemente por algún experto en Marketing político, que cubrió sus objetivos de lograr al menos por pocos días mantener el interés de los medios de difusión y de la gente por esta acción.
Siguiendo con este análisis, el show continuó con el reto a puño limpio lanzado a Riggs por parte de Kevin Delgado que no se llevó a cabo por ausencia del candidato.
Fue increíble el abuso de ambos candidatos de derrumbar una casa violando todos los derechos individuales de algún propietario del inmueble quien podría demandarlos por daños y perjuicios a no ser, como supongo, que ya hubiera un acuerdo previo para realizar dicha acción con esa persona sin caer en delito , mediante un pago en metálico, incluso hasta haber adquirido la casa por tercera persona para realizar la acción de propaganda, Es raro que no exista demanda por ello.
Por otro lado, y eso sí preocupa, es el argumento dado para siniestrar la casa, dice Miguel Riggs que porque era un picadero y laboratorio relacionado con actividades de narcotráfico.
Es de todos conocido que ese sector es un foco rojo utilizado para narcomenudeo donde existen grupos delincuenciales a quienes la autoridad municipal y estatal tienen bien ubicados y más grave aun, la declaración de Riggs de que incluso la policía los protege. Dicha declaración podría interpretarse como una provocación y sabemos que los narcotraficantes no se andan con juegos y no dudan en realizar acciones violentas para defender sus territorios.
Entiéndase esto como una hipótesis y ya veremos más adelante como se dan las cosas.
Ciertamente estamos en campañas políticas y la mayoría de los candidatos se desviven para ponerse guapos ante el electorado y no se miden en prometer cosas sabiendo que jamás podrán cumplirlas, porque no son de su competencia, o simplemente porque saben que no habrá recursos suficientes para realizarlas.
Estoy leyendo el plan de gobierno del Chiqui Drácula Marco Bonilla candidato a la presidencia municipal de Chihuahua por el bolillo y no veo como pueda cumplirlo.
Mencionar obras sin ton ni son como proyectos, sin mencionar como y con que cumplirlos, son llamaradas de petate y engaña bobos.
Pero no es el único mentiroso , candidatos a diputados que prometen obras que no les corresponden y que estoy seguro que ni siquiera conocen su competencia que es legislar.
Estamos viviendo un momento de ocurrencias, hacer campañas dentro de un ataúd, otro se convierte en Ben Grim el hombre de piedra y le da por ir a tirar casas por sus pistolas a punta oriente, otra se agarra de las greñas con quien se supone debiera apoyarla,.
Como no hay patente registrado en las ocurrencias, algunos candidatos no tienen el menor reparo en fusilarse las promesas que hacen otros como es el caso del relleno sanitario, o como la Maru, que ni se sonroja en clonarse los programas de bienestar del gobierno federal que al duplicarlos, se estuvo destinando recursos de la presidencia municipal que podrían haber servido para obras más importantes como pavimento, drenaje, iluminación , descuidando la zona sur oriente que tuvo abandonada por 5 años y en cambio hasta le sacó brillo a la zona fifí por el rumbo de su residencia y atendió sectores para favorecer a personas o empresas constructoras que sabía le arrimarían recursos para su candidatura a la gubernatura del estado.
Marco Bonilla, el candidato maruquista a la alcaldía de Chihuahua, padece el síndrome del regente. Eso explica porqué el primer paso legal que dio en su campaña lo empezó con el pie izquierdo y con esta declaración “son reprobables los ataques a Maru”, que registra en la de ocho un periódico de cuyo nombre no quiero acordarme.
Chihuahua le importa poco a Bonilla, lo que le interesa es quedar bien con su madrina, con quien lo puso, a quien está dispuesto a obedecer y servirle de regente en la ciudad reproduciendo los viejos esquemas monárquicos, en este caso de una potencial reina corrompida políticamente y vinculada a un proceso penal.
No desconozco que también labró propósitos en otras agendas, pero no lo suficiente, porque cada meta que se proponga hablará del déficit panista que deja del quinquenio del mismo partido de administración municipal.
Ni rubor tiene cuando habla de que tiene agallas, órgano propio de los peces, que se desmienten instantáneamente con los números que ocupa ese rubro en la atención a al población. De qué sirvió el “Escudo Chihuahua”, la “Maru Mamba Negra”, que de paso vale preguntar dónde está.
Bonilla es un engreído dentro del aparato panista, construido al amparo de reconvertir la administración municipal en un brazo partidario puesto al servicio del proyecto de poder del segmento del PAN que se nutre de la complicidad con los grandes desarrolladores inmobiliarios que, por cierto, beneficiaron a su jefa como candidata a la gubernatura.
¿Creen los integrantes del equipo del PAN que ellos inventaron el municipio de Chihuahua? Así se deja sentir cuando la experiencia la quieren trasladar a todo el estado. Poco o mucho en el pasado, ha habido desarrollos inocultables que no le caben a ellos en sus credenciales meritorias.
En la medida de lo posible me ocuparé de este municipio en mi columna, porque es en el que vivo, mi comunidad cercana, quizá la que más conozco en su inmediatez. Confieso, por lo demás que no es el tema que me resulta más agradable, me refiero a las simples aficiones.
Después de no haber podido ganar ni una sola propuesta personal y de gobierno, por fin parece que al gobernador se le acomodaron los astros y a logrado posicionar a su alfil Yuri Zapata como presidente del Instituto Estatal Electoral en Chihuahua.
Este día el Instituto Nacional Electoral designó a Yuri como el nuevo presidente
Después de la convocatoria lanzada para ocupar ese cargo y en la cual participaron varios profesionistas hombres y mujeres que fueron eliminados cada uno @ de ellos quedando como finalistas el propio Yuri Zapata y Janett Zamarripa.
Su nombramiento se da con 10 votos a favor y uno en contra en el INE y con ello, asumirá funciones a partir del próximo lunes y tendrá como encomienda organizar y dirigir las próximas elecciones del día 6 de Junio.
Para nadie sorprendió el resultado de la convocatoria, ya que desde siempre se supo que Yuri Zapata era el candidato de Javier Corral que también se supo no era el mejor evaluado, pero sí el más apoyado por el gober.
El reto es enorme y veremos como lo resuelve en una de las elecciones más complicadas e inéditas de la historia reciente.
Está a debate una reforma electoral, la enésima, porque en este país cada gobierno introduce la propia y, como es lógico, siempre buscará las mejores reglas, las que le permitan ganar y continuar en el poder.
¿Se necesita una reforma electoral? Sin duda, pero habrá que ver los contenidos de la misma, porque en su corazón están o pueden estar las reglas para la competencia por el poder.
Me referiré a dos aspectos que están en el sentir de los mexicanos de tiempo atrás: en primer lugar, la garantía de la neutralidad de quienes ejercen el poder, para no sesgar el proceso en favor de su continuación. En México, para lograr esto más que leyes se necesitan ciudadanos siempre activos y siempre presentes.
El otro punto tiene que ver con el financiamiento de los partidos políticos, donde se cometieron en el pasado inmediato abusos sin fin, que contribuyeron a la putrefacción del incipiente sistema de partidos. Aquí dinero y partido fue una ecuación que resultó en corrupción y el inmovilismo en que cayeron prácticamente todos, algunos heridos de muerte, pues no tenían más aliento que la nómina.
Nunca he sido afecto a la defensa del financiamiento público, pero el problema no está ahí, porque bien mirado ese sistema puede trazar equilibrios que atemperen la intervención de oligarcas financiadores, y no se diga el uso de recursos que provienen de la delincuencia organizada, el narcotráfico y obviamente el lavado de dinero con toda la distorsión que esto provoca en resultados electorales.
Conforme se vayan decantando las propuestas, sabremos si lo que se pretende es control estatal y faccioso sobre el sistema de partidos o abrirle la puerta al dinero negro que rompe el balance en demérito de la participación política de los ciudadanos.
Quizás era un juego. En Chihuahua, durante la década de los sesenta, y por un periodo de diez años, quisimos hacer la revolución. En consecuencia, las preocupaciones por la organización, el partido o la guerrilla, los movimientos sociales, la teoría y los problemas de liderazgo –con toda la ambigüedad que esta palabra pueda tener–, se pusieron a la orden del día en un numeroso grupo de hombres y mujeres, por aquellos años estudiantes de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Leer y estudiar, polemizar y debatir, fueron un ejercicio, si no cotidiano al menos sí recurrente.
En las páginas del periódico El Martillo y en no pocos documentos redactados ex profeso para un tema, están los testigos –seguramente no mudos–, de esa etapa tan rica como inexplorada por los historiadores. Nuestras lecturas obligadas iban de Marx a Lenin y Trotsky. Cuanto manual guerrillero caía en nuestras manos, era leído de inmediato, y así hojeamos a Guevara –que no se queda de ninguna manera en una simple técnica–, a Mao Tse-Tung, hoy llamado “Mao Zedong”, Võ Nguyên Giáp, y hasta el mismísimo Marighella mereció atención. Libros como “Qué hacer”, “Un paso adelante, dos pasos atrás”, del líder ruso Nicolás Lenin, cobraban para algunos carácter bíblico, pero no dejaban de ser lecturas sesgadas porque jamás podíamos asomarnos a sus contrapartes, portadores también de valiosos argumentos, como en el caso de Rosa Luxemburgo.
Deseo narrar cómo llegó un libro a mis manos, comprado en el Futurama de la avenida Universidad de la ciudad de Chihuahua, y que me marcó prácticamente para siempre: se trata de “La enajenación del hombre moderno”, de Fritz Pappenheim, dado a la estampa por la entonces naciente Editorial Era y que lo divulgó a partir de 1965 en la traducción de Werner May y revisada por el tabasqueño Enrique González Pedrero, que luego se convirtió en gobernador de su estado y de alguna manera ejerció un primer padrinazgo sobre el actual presidente mexicano. Desde luego la obra poco o nada tiene que ver con los temas de organización y liderazgo en estricto sentido, pero es de mayor riqueza y sí examina el papel de las figuras históricas que habían logrado jalonar la historia, como Alejandro Magno, Julio César o Napoleón. Esto me llevó a hacer un ejercicio de vidas paralelas entre estos personajes y los que habían realizado tres revoluciones: la rusa con Lenin, la china con Mao, la cubana con Castro. Era ineludible hacerlo; después me di cuenta del porqué en las palabras del historiador E.H. Carr: “Nada tiene más éxito que el éxito”. Y si en Rusia, China o Cuba se había hecho una revolución, consecuentemente los hechos favorecían su experiencia como para repetirla paso a paso. Error.
Hitler.
Churchill.
Mao.
Fox-AMLO.
Pappenheim, luego de examinar las valiosas enseñanzas de Max Weber a la hora precisa de la caída del imperio y la monarquía alemanas y la inminente insurgencia de la fallida República de Weimar, afirma lo siguiente que me permito citar, no obstante el la extensión del texto:
“El nuestro no es el primer periodo que presenta la tragedia en las vidas de grandes dirigentes y estadistas. Hace más de cien años, Hegel describió el destino de quienes, elegidos por la historia como ejecutores de su voluntad, cumplieron la tarea para la cual habían sido destinados: ‘Alcanzado el fin, semejan cáscaras vacías, que caen al suelo. Quizá les ha resultado amargo el llevar a cabo su fin, y en el momento en que lo han conseguido o han muerto jóvenes, como Alejandro; o han sido asesinados, como Julio César; o deportados, como Napoleón’. Hegel subrayó el infortunio del dirigente político ‘después’ de haber cumplido su misión. Hoy estamos enterados de que aún en los días en que el dirigente se encuentra todavía en medio de sus luchas, sufre el destino infeliz del hombre enajenado”.
Precisa el autor que estos hombres en una posición de poder tienen una gran dificultad para ser ellos mismos. Este es un problema que tiene que ver con nuestra historia, en la esfera global y nacional. Quién recuerda ahora a Lech Walesa, quién a Vicente Fox. El primero encaró y venció al comunismo en Polonia; el segundo echó por primera vez por la puerta trasera al PRI. Son cáscaras vacías que cayeron al suelo.
La transición mexicana a la democracia, aparte de acompasada en el tiempo, se ha realizado apegándose a cartabones que no resultan los más convenientes con un compromiso real con la democracia y la vitalidad que los ciudadanos y sus derechos han de tener en ella. Hoy deambulamos entre una propuesta de una transformación a la que se le pone un número ordinal, olvidando que entre 1821 y estos años ha habido transformaciones que llegaron para quedarse, en la cultura, en la economía, en la presencia de la “patria de la juventud”, que se lanzó al ruedo en 1968; en las luchas de las mujeres, que día a día conquistan espacios; en la recepción de los derechos humanos y un garantismo que si bien tropieza no pocas veces con los propios aparatos de justicia, se abre paso al redoble del tambor de la sociedad, cansada del abuso, del agravio, la opacidad, la confusión entre lo público y lo privado y la imposición de una visión histórica que no se sostiene. Faltan, y están en el horizonte, las disputas en favor del mundo del trabajo asalariado. En el corazón de esto está el “cómo” se aborda el liderazgo, en especial quien lo detenta al frente del Estado.
México, en este tiempo, reclama un liderazgo democrático en el Estado, apegado a la Constitución, con la legalidad en la mano, construyendo consensos sin renunciar a conflictos y contradicciones, como lo propuso Lombardo Toledano cuando nos habló del “fiel de la balanza” de lo estatal. He ahí algunas de las pocas maneras de desterrar el capricho y el patrimonialismo. El Estado no puede estar todos los días fijando la agenda porque eso no da espacio a la construcción de ciudadanía; al contrario, es colonizarla.
Salta a la vista de todos que hay lecciones ineludibles, de experiencias históricas que por trágicas aún se recuerdan. Si Hitler decía que un varón era mujer, se tenía que creer y aceptar. Este y otros recuerdos se pueden leer en obras como la de Andrew Roberts, “Hitler y Churchill, los secretos del liderazgo”, y conviene recuperar algunas otras líneas de este autor. Recurriendo al ejemplo de ambos líderes, vemos cómo Roberts demostró que Churchill se destacó en el diálogo y la conversación, “pues se habría cansado muy pronto de los oyentes mudos, devotos e incondicionales a los que Hitler les daba preferencia”. No tiene desperdicio esta afirmación del autor: “Los líderes verdaderamente grandes comprenden hasta qué punto es vital escuchar a las personas que se muestran en desacuerdo con ellos”. En la diversidad de estos modelos se encuentra una moraleja que no hay que perder de vista: “Tras conocer a Hitler, la gente se quedaba con la sensación de que él, el Führer, podía lograr cualquier cosa. Cuando alguien conocía a Churchill sentía que era uno mismo quien era capaz de todo. La inspiración genuina es más poderosa que el carisma creado artificialmente”. La historia, se sabe: Inglaterra ejerció el liderazgo inicial y más complicado, que condujo a la derrota del nazismo y al desenlace de la Segunda Guerra Mundial contra la barbarie totalitaria de los matones de Hitler.
En el mundo está en crisis el neoliberalismo, lo que no quiere decir que necesariamente esté en retroceso o haya perdido sus fortalezas en la era Trump. En México, en particular, como sucedió en Estados Unidos, y así lo afirma Isaiah Berlin –no pocas veces denostado desde la izquierda–, la fe impuesta en los empresarios como salvadores se hizo trizas, luego un nuevo liderazgo estatal debe encontrar las alternativas, y no hay otra forma que hacerlo bajo un modelo democrático, realmente democrático. Adentrarnos en una política de adversarios en la que el triunfador es el que destruye al otro, es no darse cuenta que todos quedarán en ruinas, hechos cenizas, abriéndole las puertas a las reencarnaciones del viejo nazi-fascismo de entreguerras durante la primera mitad del siglo XX. Bolsonaro, desde Brasil, es un presagio, y no debemos permitir que en el futuro mexicano asumirse de izquierda pase a ser una ignominia.
Un antídoto –desde luego no el único– es obligar a nuestros liderazgos a asumir las responsabilidades para las cuales fueron electos. No es el caso de vendernos de contrabando una concepción heroica de la historia en la que el líder todos los días nos dice que “no nos va a fallar”, cuando lo que necesitamos son instituciones democráticas, actuantes, y desde luego muchos ciudadanos, muchas ciudadanas. Aquí sí que no hay más ruta.
Fue un juego, quizás, pero al emprenderlo vimos de todo: el surgimiento de líderes patrimonialistas que se apoderaron de los movimientos sociales, organizaciones de masas que no se decidieron a una vida democrática con cauces electorales y le abrieron las puertas al panismo que hoy es una tragedia para Chihuahua en la persona de Javier Corral.
Y, en el apego a modelos importados artificialmente, se empedró el camino que llevó a muchos jóvenes –hombres y mujeres– a la tortura, la desaparición, la muerte y el cementerio. En algunos casos al martirologio que aún inspira a una congruencia y a nuevas búsquedas, no a tormentosas reediciones. Lo que está fuera de duda es que hay que poner cortapisas y críticas y diques portentosos a los liderazgos, que aunque retóricamente lo nieguen, se han enajenado y pueden, en medio de esas condiciones, causar estropicios sin fin. Hacer historia es comprenderla.
En la Constitución local de Chihuahua –pionera en la materia–, a partir de 1995 se incorporaron las formas de la democracia participativa, conocidas como referéndum, iniciativa popular y plebiscito. Llegaron al impulso de la primera alternancia panista y con el apoyo del PAN y el PRD. El PRI, en aquel año, se puso de espaldas al avance de un nuevo modelo democrático, a la vez que el PAN, dentro y fuera del gobierno, jamás las ha puesto en práctica; al contrario, cuando de su mano ha corrido, las ha obstaculizado, o pretendido usar para conservar el poder, como fue hacia 1998 cuando intentó un referéndum con un claro propósito electoral, que bloqueó una decisión del Tribunal Estatal de Elecciones al frente del cual estaba la autoridad jurídica y moral de Rafael Lozoya Varela.
Ha sido desde fuera y en contra del Estado que se ha intentado ponerlas en práctica, en primer lugar adelgazando engorrosos requisitos; también mediante puestas en escena concretas, aunque no hayan desembocado en buen puerto a consecuencia del autoritarismo de diversos signos, centralmente panistas y priístas.
Ahora, sólo con un aliento fascistoide se quiere denostar, descalificar e impedir la celebración de sendos plebiscitos para resolver si van o no los proyectos de iluminación de las ciudades de Chihuahua y Juárez, y se sigue pensando que los ciudadanos somos menores de edad o incapaces. El primero, azul; el segundo con careta de independiente. Aunque en el fondo está perfilar lo que debe ser el municipio en términos más amplios, grupos ciudadanos se proponen que la decisión salga de la burocracia a la calle, a los ciudadanos.
El trabajo inicial está hecho: el esfuerzo ciudadano, por una parte, y el aval del Instituto Estatal Electoral que autoriza la recolección de las firmas en el porcentaje que la ley estipula. Bien por ambos. El primero, por el aliento moral que da; el segundo, porque le abre puertas a un ámbito de participación fuera de lo ordinario para elegir autoridades.
Ya se empieza a hablar de que es costoso, difícil, inútil, y otras lindezas en boca de directivos empresariales miopes y de politicastros con intereses personalistas. Pero el tema tiene historia, que demuestra no tan sólo la pertinencia de realizar estos ejercicios, sino de su factibilidad sencilla. Se puede hacer mucho con poco y sin parafernalia.
Va un ejemplo. Hacia fines de 1998 y a las puertas del regreso de la corrupción priísta con Patricio Martínez a la cabeza, un modestísimo grupo ciudadano nos echamos a cuestas la iniciativa popular para crear un Tribunal Estatal de Cuentas, encargado ciudadanizado de realizar la auditoría y fiscalización de los recursos públicos, particularmente lo que tiene que ver con el manejo de las contribuciones que nutren el erario y que los gobernantes manejan como si fueran de su propiedad o parte de su cortijo. Se hizo el esfuerzo de escribir y fundamentar una iniciativa, demostrando que no tan sólo los gobernantes saben hacerlas, sino que es trabajo realizables por los ciudadanos, sin misterios de ninguna especie.
No recolectamos ni 4 ni 5 mil firmas, necesitábamos más de 20 mil y las obtuvimos de ciudadanos de los 67 municipios. Ciudadanos de carne y hueso, con su firma, su credencial del entonces IFE, con su correspondiente número. Fue así que la histórica iniciativa, la primera en la historia de la vida política del país, llegó al Congreso local como una iniciativa formal, demostrando que no nada más los diputados y el gobernador tienen la prerrogativa de iniciar leyes.
Se pudo. Está demostrado que es factible, incluso sin recurrir a gasto alguno de procedencia estatal. Los ciudadanos podemos, más ahora con las tecnologías al uso. No está de más recordar que uno de los problemas de quienes impulsamos la iniciativa popular fue andar cargando una pesada computadora por el territorio estatal, buscando conexiones eléctricas en las plazas públicas, lo que ahora se resuelve fácilmente con un simple aparato móvil de bolsillo.
Aquí pasamos diversas imágenes del expediente que integramos, que dan testimonio de la voluntad de más de 20 mil ciudadanos y ciudadanas para participar, y contenidas en más de 20 voluminosos tomos. Una notaria pública, gran persona, que lamentablemente ya no está entre nosotros, Blanca Leticia Ornelas, escrutó uno a uno los documentos y dio fe de su autenticidad para que llegaran plenamente convincentes al Congreso del Estado.
Hasta aquí la historia positiva, la que vale recordar. Una vez que llegó la hora de la decisión, los señores diputados y diputadas, nos dieron un rotundo “no”, votaron a favor de la oscuridad, la opacidad, contra la rendición de cuentas y la transparencia. Se llenaron de ignominia, y los que fuimos a defender la iniciativa, salimos descamisados, amenazados en nuestra integridad física por los agentes del patricismo, emblematizados en la figura de Jesús “Chito” Solís Silva.
El plebiscito va. Seguramente quienes presentaron la iniciativa de realizar sendos plebiscitos sobre la iluminación de Juárez y Chihuahua no se propusieron hacer un experimento sobre la base de la teoría de juegos. Pero aún así apostaron a ganar-ganar. Por principio de cuentas, ya obtuvieron una victoria ante el IEE; obtendrán otra cuando consigan suficientes o más firmas para respaldarlo, y si la mayoría vota por elNO, ganarán; y si por el contrario lo hacen por elSÍ, también ganarán.
Son muchas las aristas para examinar este suceso que está en proceso. De inicio, se destaca que los gobernantes inmersos en los hábitos y costumbres propias de la clase política divorciada de la sociedad, ya no tendrán el monopolio de decisiones públicas de trascendencia que se desplazan a la voluntad popular.
También, y esto es significativo, se demostrará nacionalmente cómo se realiza una auténtica, genuina, legal e institucional consulta. Estamos en las goteras de una consulta popular real, no de una decisión a mano alzada, como las que gustan practicar los partidarios de la oclocracia. El precedente marcará historia, ya lo es por que será el primero.
Los demócratas genuinos, los mexicanos estamos lejos de serlo, debemos saber que se pierde y se gana, y que cuando eso es conforme a la reglas convenidas, legitima de manera primaria. De tal manera que la apuesta en este caso es por una democracia avanzada, participativa y no nada más para elegir funcionarios o representantes.
Que atrás de esto habrá política, habría que preguntar cuándo no la hay. Tanto Cabada como la señorita Campos Galván, cabezas administrativas de sus municipios, son fuertes aspirantes a suceder la silla que Corral no se decidió a ocupar en los hechos. Por tanto, los resultados pueden descarrilarlos en sus afanes, pero eso es secundario.
Lo importante es que no se vaya a dar una pelea entre un David –la ciudadanía– y un Goliat –los aparatos municipales– que hagan prevalecer a los que tienen el poder y por el sólo hecho de detentarlo. Hay asimetrías entre los modestos ciudadanos organizados y los aparatos burocráticos, pero cuando aquellos se deciden, no hay nada que pueda detenerlos y esta debe ser la historia de los plebiscitos a realizarse.
No está de más señalar que Cabada empezó a perder desde el momento mismo en que se aprobó realizar el plebiscito. Informó en desplegado pagado a la prensa con recursos públicos, que procederá a impugnar la decisión del IEE que autorizó la consulta. Y es natural que así sea, lo suyo es la oscuridad, la opacidad, el conciliábulo, que le permitió llegar en dos ocasiones a la alcaldía del más importante municipio, en la primera con el apoyo de César Duarte, el crimen organizado; en la segunda recurriendo al fraude, porque hay que reconocer que no se quedó en la alcaldía con buenas artes.
Seguramente sacará abogados de las covachas para defender lo indefendible: oponerse a una consulta en la que, además, tiene la oportunidad de ganar.
En lo inmediato, hay que trazar tácticas y estrategias para que este experimento democrático triunfe. Y adelanto mi voto: por un municipio en manos de la comunidad, no en politicastros que confunden sus intereses privados con los públicos.
El plebiscito va en buena hora y, porqué no decirlo, ¡brinco de gusto!
Se fue del PRI el doctor José Narro Robles. Sus terapias intensivas, al final, fueron despreciadas. Fue un priísta diferente, pero no se pierda de vista que también esencialmente priísta; esto porque puede empezar ahora la leyenda de una glorificaciónpostmortem, como la de Colosio.
El hecho mueve a reflexión porque nos recuerda una pregunta: ¿hasta cuántas rupturas puede tener el PRI y que signifiquen algo más allá de lo oportunista?
Para mí, la única ruptura histórica fue la de fines de los años ochenta, encabezada por Cárdenas y Muñoz Ledo, principalmente. Después vinieron otras, pero alimentadas por la búsqueda mezquina del poder y sin proyecto alguno. Entre ellas se cuentan las que encabezaron los que se vendían caro y con la amenaza de desertar para que les dieran gobernaturas, senadurías, diputaciones, alcaldías.
Un futuro previsible del PRI es que vuelva por sus fueros en una materia en la que es docto: partido satélite, servicial para continuar en la senda que frutos le dio al antiguo PPS, PARM, Verde, y ahora Encuentro Social, más los que se puedan acumular.
Cuando un chihuahuense se pregunte qué será del PRI en esta tierra norteña, ya puede contestar –si lo desea con cara arrebolada– que su futuro (hablo nada más del posible tiempo) estará en manos de los duartistas, que con su jefe expulsado y todo, es imposible desterrarlo porque forma parte de su ser de manera indisoluble.
Pongo un ejemplo: Graciela Ortiz, que fuera la secretaria general en el gobierno de César Duarte, auspicia la llegada de un campechano a la Presidencia nacional. Y nada más explicable: ingresó a la política al abrigo y amparo de la ursupación baecista y se suma al fraude campechano.
Quizá siga soñando –no cuesta nada– con ser gobernadora de Chihuahua algún día, pero el espectro sangrante de la mártir Marisela Escobedo Ortiz siempre la va a esperar a la puerta principal y a la entrada del Palacio de Gobierno para cerrarle el paso.
En todo el mundo, y no se diga en México, las instituciones políticas son perfectibles. Es una verdad de perogrullo. Hoy los organismos constitucionales autónomos pasan por un momento aciago: el lopezobradorismo los tiene en la mira y es un punto de agenda que no se puede perder de vista.
En especial cuando se trata del Instituto Nacional Electoral y en general todos los órganos jurisdiccionales en esta materia que tienen sus homólogos en todas las entidades federativas.
Es evidente que hay desviaciones. Apunto de inicio su alta burocratización y el dispendio presupuestal en sueldos, pero no es ni con mucho lo más importante. Lo verdaderamente significativo es preservar esa autonomía que da neutralidad arbitral en las disputas electorales y a las consultas ciudadanas en un tiempo de nueva hegemonía que obliga a evitar la reproducción de viejos y reprobables esquemas.
El INE, y en su momento el IFE, ha garantizado elecciones con gran relevancia en la historia del país, que se han significado por la derrota del partido de Estado, el PRI, que de haber preservado el control del órgano electoral, asegúrelo que aún estaría en el poder. Los años 2000 y 2018, con diverso significado, abonan estas afirmaciones.
Hoy, como ya hace un buen manojo de años, el problema electoral no se desprende del control del órgano encargado de realizar los comicios. Por archisabido ni debiera mencionarse. El problema nodal es ganar las elecciones y que haya un par de órganos, administrativo uno y jurisdiccional el otro, que lo garantice en abono de los derechos de la ciudadanía. Me parece que esto es el abecé de todo proyecto democrático progresivo para México.
Si a la pretensión de restar autonomía o desaparecer la institución que tanto trabajo costó construir le agregamos el actual centralismo rampante, ya podemos decir que el cielo del país se satura de negros nubarrones.
En principio, y desde el balcón de una entidad pionera en los procesos de democratización, ha llegado la hora de defender con todo que el principio de que las entidades federativas son autónomas en cuanto a su régimen interior. Eso es absolutamente irrenunciable, y por ese principio hay que dar batallas con hondura que marque límites al despotismo.
Cuando menos en tres ocasiones significativas Porfirio Muñoz Ledo ha marcado una visión crítica con relación al lopezobradorismo. La primera, cuando se tomó posesión de la Presidencia y definió el carácter de su liderazgo, algunos lo tomaron a elogio equivocadamente.
La segunda, cuando examinó el resultado de las elecciones recientes y enfatizó su saldo negativo para la democracia. La tercera, la del día, se produjo durante la entrevista a René Delgado, el periodista estrella de Reforma con motivo de las negociaciones con Washington al frente de las cuales estuvo el canciller Marcelo Ebrard.
Para no inducir prejuicios, por separado reproduzco la entrevista y me quedo con la afirmación de que la migración es un derecho humano y no se puede negociar con la carne humana de ningún migrante.
A Muñoz Ledo hay que reconocerle su callo político, sobre todo en asuntos internacionales. Le critican su vejez, que su voz ya está cascada, que goza de placeres humanos como lo hacen millones, pero todas esas críticas no sirven a la lógica del entendimiento, mejor debieran pensar que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Al igual que en los años 80, le toca el mérito a Muñoz Ledo de abrir la crítica del poder establecido ahora.