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El modus operandi de “El matanovias”


Campira Lisandra fue encontrada muerta el 31 de diciembre en su casa por su hermano, Gabriel.
Ese día, cuando Gabriel entró al domicilio de su hermana, en la colonia Santo Domingo, en Coyoacán, percibió olor a gas. Cerró la llave de la estufa y vio que el cuerpo de Campira estaba envuelto en un edredón en un sofá. Poco a poco, Gabriel notó que el cadáver tenía golpes en la barbilla, los brazos y el tórax.
“En la habitación hay sangre, en la sala igual hay manchas de sangre… ella tenía unas escoriaciones aquí en la barbilla y tenía muchos moretones en los brazos, en las piernas y acá en el tórax”, detalló Gabriel al programa de "10 en Punto", conducido por la columnista de EL UNIVERSAL, Denise Maerker.
Además de los signos de violencia en el cadáver de Campira, Gabriel notó que su hermana estaba "tuzada" (con el cabello trasquilado).
“Mi hermana era muy bonita, pero lo más hermoso que tenía era su cabello y se lo cuidaba, nunca se lo cortaba mucho, se lo cortó y se lo llevó, no dejó rastros del cabello. La dejó tuzada”, señaló el hermano de la víctima al programa de Maerker.
La familia de Campira denunció el hecho y pidieron el video de una casa aledaña a la de la víctima. En la grabación, aseguran, se observa al novio de Campira, Jorge Humberto “N”, salir del departamento de ella. Gabriel afirma que Jorge Humberto fue la última persona en estar con su hermana.
Jorge Humberto se llevó sus cosas de la casa de Campira, con quien empezó a vivir apenas unas tres semanas antes del crimen de ella.
En su relato al programa de televisión, Gabriel contó que después del asesinato de su hermana, él publicó el caso en sus redes sociales, tras lo cual recibió información de que Jorge Humberto habría hecho lo mismo con otras dos mujeres, a quienes también les cortó el cabello, por lo que lo llaman "El matanovias".

Se venga del que mató a su esposa y deja el arma sobre su tumba a modo de tributo


La vida de Fabio Di Lello cambió para siempre el pasado verano. Su mujer, de 34 años de edad, falleció en un accidente de tráfico. Ella no tuvo la culpa: el causante fue el conductor de un vehículo que se saltó un semáforo rojo y se la llevó por delante en un cruce. Sucedió en la localidad de Vasto, en el centro de Italia.
Fabio llevaba casi un año pidiendo justicia. Solo quería que se reconociera legalmente que el conductor del coche había tenido la culpa y que fuera sancionado en consecuencia. “Mi Roberta fue robada, robados sus sueños y planes de vida, su deseo de ser madre”, aseguró en un periódico local. “¿Dónde está la justicia? ¡Tal vez hay! No olvidemos, luchamos, porque ya no hay otra Roberta”.
Sin embargo, los meses fueron pasando y la justicia no llegó. La investigación de la policía determinó que Italo D’Elisa, el conductor de 20 años de edad, no debiera ser detenido, a pesar de que su temeridad fue la causante de la muerte de Roberta. Los análisis no detectaron consumo de alcohol o drogas en el conductor del vehículo.
Por eso Fabio decidió tomarse la justicia por su mano. Esperó a Italo a la salida de un bar y le descerrajó tres tiros en el abdomen, matándolo. Tras hacerlo, llamó a un amigo, confesó el crimen y le dijo que llamara a la Policía. Pero le pidió que le dejara unos minutos de margen, porque tenía que hacer algo importante.
Fabio se dirigió al cementerio donde descansa para siempre su amada Roberta y, como tributo, dejó la pistola sobre su lápida. En el mismo campo santo fue detenido por los agentes. “Es una tragedia dentro de otra tragedia”, asegura su abogado en declaraciones recogidas por La Repubblica.  Ahora, la familia de la nueva víctima espera que esta vez sí, se haga justicia. 
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